Cuando analizas un intercambio, no basta con quedarte en las palabras sueltas. La misma frase puede sonar como elogio, broma, indirecta o reproche, según quién la diga, a quién, con qué tono y en qué momento. Por eso, interpretar bien un acto de habla exige mirar la intención comunicativa y también las pistas del contexto.
La clave está en que decir algo no siempre significa solo transmitir contenido, también puede servir para actuar sobre otra persona o sobre la situación.


